Cuarenta
y ocho horas después de las elecciones congresuales y municipales del 16 de mayo pasado, escribí un
artículo en el que advertía sobre el resonante fracaso del voto preferencial y propuse que había que
eliminar con urgencia ese adefesio, esa aberración electoral y estafa
política. Meses antes de las elecciones, el brillante articulista (retirado en
estos días) y miembro del comité central del PLD, licenciado Antonio Peña Mirabal, había escrito un
artículo en varios periódicos en el que advertía que el voto preferencial estaba destruyendo la
disciplina interna de los partidos políticos y proponiendo que fuera revisado. Días
después de las elecciones viajé a Santo Domingo acompañado (por supuesto en su yipeta) del reelecto
diputado y alto dirigente del PLD, el joven periodista Demóstenes Martínez, quien en el trayecto me
ofreció las primeras informaciones sobre los planes para introducir variaciones en el voto
preferencial. De acuerdo a lo que me dijo Demóstenes en esa oportunidad, el interés de
un grupo era que el voto preferencial se limitara a las primarias de los partidos políticos y que en
las votaciones congresuales y municipales se utilizara el "arrastre", pero dependiendo de la
posición en que quedó cada candidato en la contienda interna de su organización. La
iniciativa me pareció formidable porque al menos se reducía "en parte" el impacto nocivo de ese
sistema de votación, en el cual el que más dinero tiene es el que gana la
diputación. No niego que en esos días había reaccionado alarmado con "la caída" de
formidables diputados como José Ricardo Taveras, Ulises Rodríguez y Angel Acosta, en el distrito
Tres de Santiago. Y que un político de las condiciones y el trabajo del ex-fiscal Raúl Martínez "se
cayera" porque aparecieron a último minuto unos millonarios comprando a "todo el mundo" en el
distrito Uno. Y el propio desplome electoral del carismático Abel Martínez. Entre
jueves de la Junta Central Electoral (JCE), abogados, politólogos y dirigentes de los diferentes
partidos políticos se expresaba también, en esos días, la alarma por el fracaso del voto
preferencial. Modestia aparte, creo que fui uno de los primeros en el país en reaccionar sobre esa
estafa electoral. Ahora el presidente de la Cámara de Diputados, Julio César Valentín,
ha revelado públicamente lo que ya el diputado Demóstenes Martínez me había dicho "en privado": "que
hay una iniciativa para que el voto preferencial se limite a las primarias de los
partidos". Sin embargo, sería interesante que empecemos por la aprobación y puesta en
vigencia de la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas, pues a partir de ahí las primarias de los
partidos políticos serían organizadas por la Junta Central Electoral (JCE) y serían abiertas a la
población. Estoy seguro que "cualquier cosa" sería mejor que lo que tenemos ahora: un
voto preferencial "hecho para el que tenga dinero, mucho dinero" y no importa la
procedencia. Así es que manos a la obra, vamos a cambiar "esa vaina" que tenemos y que
llaman voto preferencial.
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